Hoy, en el obelisco, la línea D del Subte y quizás en algún otro lugar impensado también...
- Hola, ¿cómo andás? ¿Te puedo molestar un segundo? No te voy a vender nada!
- Sí, decime -responde Juan, interesado, mientras el subte abandona Catedral y se dirige a 9 de Julio.
- Mi nombre es Mariano y desde que tengo uso de memoria que quiero ser escritor. Pero por alguna razón cuando termine la secundaria estudié sistemas durante cinco años...
Rodrigo escucha atento, de pie en la estación 9 de Julio, mientras termina de comer unas galletitas opera.
- Y hace un tiempito decidí buscar lo que realmente me hace feliz y bueno, publiqué de forma independiente dos novelas. Mirá, acá te dejo un folleto.
Miguel y su compañera toman cada uno un folleto y lo miran con atención.
- Y yo los libros los hice con la ilusión de que me los compraran, no en el sentido de juntar dinero, sino en la alegría de pensar que
mis libros iban a tener un dueño que los lea y los disfrute, ¿me entendés?
- Claro ! - dice Ivana, riendo, mientrás más allá de nosotros el obelisco proyecta su sombra sobre Avenida Corrientes.
- Pero resulta que cuando se terminaron de imprimir los libros me di cuenta que algunos libros no... No querían tener dueño. Eran
libros viajeros, que nacieron con ganas de viajar.
- Ah, mira vos -expresa María, con una sonrisa, mientras sostiene su mochila hacia adelante.
- Te voy leer lo que dice en la última página.

"Este libro es un libro sin dueño,
que nació con deseos de viajar.
Hoy el libro te encontró a vos
y quiere que lo conozcas y lo leas.
Pero cuanto termines de leerlo,
al igual que pasa con los grandes
amores, va a haber que dejarlo ir.
Porque este libro, como nosotros,
nació con deseos de viajar."
- Así que bueno, hoy el libro yo te lo regalo a vos, para que vos seas su primer viajero. Y después, cuando lo terminas de leer, se lo tenes que dar a alguien más para que continue su viaje.
Juan toma el libro y lo mira con atención, antes de preguntar:
- ¿Y cuánto te debo por el libro?
- ¡No, nada! Es un regalo.
- ¿Un regalo? -pregunta María, mirando la portada-. Que bueno, muchas gracias.
- Pero acordate, este es un libro viajero, cuando termines de leer se lo tenés que dar a alguien más. Ya sea un familiar, un amigo, un conocido, un extraño en el subte... Es un libro que nació para viajar.
Miguel y su compañera asientan, mientras abren el libro y ven su interior.
- Acá también tenés la dirección de la página por si me querés contactar. Y en la parte de atrás tenés que escribir tu nombre y la fecha, antes de pasarlo.
- Bueno, ¡muchas gracias! -dice Ivana, mirando el libro, dándole la vuelta para leer la contratapa.
- Gracias a vos, ¿cómo te llamás?
- Rodrigo, flaco, un gustazo.
- El gusto es mio, bueno ahí vino el subte, te saludo así no te lo perdés María !
- Gracias, Mariano, mucho gusto.
- Gracias a vos Juan! Bueno, me voy a bajar ahora que llegamos a 9 de Julio así queda todo más misterioso y mágico.
Risas. Bajamos en la estación de 9 de Julio, mientras el subte vive su recambio de pasajeros.
- Bueno, necesitamos encontrar a nuestros siguiente viajero...
- Es verdad.
- ¿Que te parece esos dos chicos que están ahí sentados? El chico y la chica.
- Sí, dale, vamos.
Nos acercamos a Miguel y su compañera, sacando un par de folletos del bolsillo les digo:
- Hola chicos, ¿cómo andan? ¿Los puedo molestar un segundo? No les vengo a vender nada!
- Sí, decime...
Un libro viajero, antes de partir.
Este texto va dedicado a Román y a Vik, gracias enormes a ambos, por la idea original y por ayudarme a llevarla a cabo, respectivamente.
Y un saludo especial a Ivana, Juan, María, Rodrigo, Miguel y su compañera (perdooon, no me anoté el nombre y me olvide :$). Ustedes son los primeros viajeros de una lista que no parará de crecer. Esos ejemplares de
La apariencia no es sincera tienen que viajar mucho. A fin de cuentas, para eso nacieron :).
Dema.