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18 de marzo de 2010

Twitter - Minicuentos de no más de 140 caracteres


Amigos del Blog, ¿Cómo les va?

Las pasó algunos de los últimos minicuentos que estuve públicando en mi página de: http://twitter.com/MiniCuentos

Si usan Twitter los invito a que me "sigan" y yo me encargaré de "seguirlos" y seremos como una linda pareja de acechadores en la Web.

Saludos !
Dema.-

# Dijo a su esposa, Ahora nadie podra separarnos, y antes de que los empleados se dieran cuenta se metió dentro del ataud con ella.

# Jhonson lanzó una carpeta sobre la mesa: Este tipo es el asesino pero ojo, la respuesta no te va gustar. Rob hojeó el nombre. Decía Jhonson.

# - Yo tambien te extraño -dijo la esposa desde el teléfono y cortó antes de que su esposo volviera del baño.

# ¿Así es como se siente estar muerto?, reflexionó el hombre tirado en el pavimiento, mientras los parámedicos se acercaban corriendo.

# Hace frío y estoy lejos de casa, dijo Papa Noel cuando se dio cuenta que estaba en el polo equivocado.

# Como se dio cuenta que perder, iba a perder igual, decidió dejar de jugar. Luego, cuando se dio cuenta que morir, iba a morirse igual...

# Siempre me pongo nostálgico cuando viajo, dijo el capitán del barco. Y se prendió un faso.

# Amarás y serás amado. Querrás y serás querido. Pero nunca nadie, sabrá quién sos.

# Lo que le daba miedo del del amor, era que con la misma fuerza que te hacen reir, te pueden hacer llorar.

# ¿Cómo puede amarme si no entiende lo que digo?, se preguntó el gato, reflexivo, mientras su dueña lo acariciaba.

# Sin fé ni esperanzas, igual salió a pelear por su amor perdido.

# Sosteniendo una vela bajo la lluvia, consideró: ¿Alguien podrá ver mi luz? Lejos, en un faro, un extraño se preguntaba lo mismo.

# Deseaba el silencio y tenía miedo. Fue así que en vez de callar a los demás, se calló ella.

# Le gustaba mucho el lunes. Era el día en que podía dibujar un nuevo palito en la pared de su celda.

# Desde que ella se fue que no me encuentro, dijo el naufrago.

# Y entonces quizás no haya nada más doloroso, que un te amo dicho fuera de tiempo.

# Dependía tanto de la computadora para vivir que a la noche ya no se iba a dormir, se iba a hibernar.

# Desde que ella se fue que ya no sé donde está mi cabeza, declaró el hombre sin cabeza.

# Y mientras la observaba irse no pudo evitar preguntarse: Decirle lo que verdaderamente siento, ¿hubiese cambiado las cosas?

# ¿Está muerto? Algo así.

# ¿Y por qué es que, hasta hoy, nunca me habías dicho Te Amo? Es que nunca, hasta hoy, había tenido miedo de perderte.

# Fue entonces cuando quiso saber cuanto la amaba. Dejo el cuchillo sobre la mesa, sonrio friamente y dijo: "Anda chaval, demuestramelo".

# El robot quería ser capaz de sentir felicidad. Fue así que, desesperado, le pidio a su creador que le desinstalara el corazón.

# El problema surgió cuando se dio cuenta que ella, a diferencia de su amor, no era para siempre.

# Finalmente nos volvemos a encontrar, dijo La Muerte a Jesús.

# - No lo puedo creer, ¡ Me metiste los cuernos ! - dijo el torero.

# La lápida dice: "Aquí yace, o yacerá, usted".

# La madera se enamoró del fuego. Sabía que solo un beso bastaría para arder y dejar de existir. Como todo enamorado, eligió morir.

# "¿Qué es eso en el cielo? ¿Un pajaro? ¿Un avión?", "¡Es un meteorito! ¡Corre Miguel, corré por tu vida!", dijo el segundo dinosaurio.

# La paloma tomó la varita, hizo unos pases sobre el sombrero y pronunció ABRACADABRA. Un mago salió volando desde el interior del sombrero.

# ¿Y para mi no hay nada?, preguntó Papa Noel, triste, las lágrimas en sus ojos, esa cálida mañana de Navidad.

# Y lo mas extraño es que, apenas regresado del hospital, lo primero que hizo fue volver a poner las manos dentro de la licuadora.

# Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, el verdadero Jack Smith veía su funeral por televisión.

# El dragón mató al caballero de plata. De un lugar oculto apareció la princesa. "Muchas gracias, Julián" dijo al animal y lo besó sonriendo.

# Desde que ella se fue que ya no soy la misma, dijo la otra hermana siamés.

# "Ellos quieren Libertad, ¡Libertad les vamos a vender!", dijeron los ejecutivos de traje en una sala de reuniones.

23 de febrero de 2010

El Extranjero - Un pequeño relato online

Hace mucho que no actualizo este lugar y lo extraño. Voy a subir este pequeño cuento, escrito hace un mes.

Saludos gente amiga, conocida y por conocer :).
Dema.

El Extranjero


Hector despertó aquella mañana con mucho calor, tanto calor que sentia las sabanas pegadas a su piel. Pasó la mano por la frente, empapada en sudor, y sintio un leve mareo producto del acaloramiento. Bajó de la cama con pesadez, buscó la luz ya que inexplicablemente estaba todo oscuro. ¿Todavía es de noche? ¿Qué hora es? Hector tanteo en la oscuridad las paredes conocidas hasta encontrar el interruptor de la luz pero al apretarlo nada sucedió. Salió de su habitación (la cual no tenía ventanas) en direccion al living, quería mirar la calle, ver si las demas casas tenían luz. Al doblar por el pasillo escucho un grito, dos pasos marcados y luego sintio como un brazo lo tomaba por el cuello.
- ¡Ahhhhh!
- ¿¡Qué haces acá, Hector?!
Hector intentó librarse de su apresor, se sentia debil por el calor y por recien haberse levantado pero igual luchó con todas sus fuerzas. De pronto, sintio algo metalico en la espalda y un rumor recorrio todo su cuerpo hasta adormecerlo nuevamente.

Hector desperto aquella mañana tranquilamente. Ya era de día, no hacía calor y la televisión que había quedado prendida le indicaba que había luz en su hogar. Tanteo su espalda buscando el lugar donde lo habían atacado con ese algo metálico y encontró un pequeño moreton. Se levanto con cautela, tomó una lampara que tenia cerca y con la intención de utilizarla como arma salió de su habitación. Inspeccionó la casa con cuidado, desconfiando de cada sombra, de cada rincon. De pronto miró sus pies y se dio cuenta que tenía las medias puestas, un pantalon largo y un piyama bastante abrigado. Sin comprender demasiado llegó hasta el living y miró por la ventana. Era invierno.

3 de enero de 2010

El Titular Preferido del Tachero - Taringa

Gente amiga, conocida y por conocer... Subi a Taringa hace un par de días dos post con todas las Tapas de Clarín del año 2009. La idea basicamente era mostrar todos sus titulares y jugar un poco a ver cuales fueron los temas recurrentes, en que titulares se les "veía el clarinete", o cuales titulares eran realmente interesantes.

Clarín te cuenta que pasó en el 2009 - Parte 1
Clarín te cuenta que pasó en el 2009 - Parte 2

En medio de todo esto juego hice algo llamado "El Titular preferido del Tachero", el cual era jugar con cual podía ser un titular que al "Tachero facho y de derecha" podía llegar a interesar, y de paso mandarle algún comentario.

En fin, la cosa es que en Taringa dichos comentarios fueron censurados, pero como el mundo es libre (?), subo los Titulares preferidos del Tachero a mi blog =D. Ahí va !

ENERO
Comentario del Tachero: Seeee, que maten a todos los negros de mierda!!

FEBRERO
Comentario del Tachero: Ufff, a este negro bolivariano hay que matarlo!

MARZO
Comentario del Tachero: Los maestros son todos unos vagos de mierda. Hay que matarlos.

ABRIL

(Ese mes no me tomé taxi así que ni idea)


MAYO
Comentario del Tachero: No, no, no. Yo no estoy de acuerdo en que ataquen a los Judios. No. A los Judios no. Al menos que, claro, además de Judios sean negros de mierda.

JUNIO
Comentario del Tachero: Eee, ¡Le rompimos el culo a los pinguinos!

JULIO
Comentario del Tachero: Seee, vamos todos a reprimir, Seeee.

AGOSTO
Comentario del Tachero: ¿Voh de que cuadro so pibe? Yo soy de Racin.

SEPTIEMBRE
Comentario del Tachero: No, pibe, no, escuchame, ¿Viste los Kirchners estos? ¡Si se aprueba la ley van a decirnos que pensar, pibe! Y esto que te digo es verdad. Lo escuché en Radio 10.

OCTUBRE
Comentario del Tachero: No puede ser che, esta país se va a la mierda. ¿Sabeh lo que tenemos que hacer pibe? Invadir otros países y matar matar matar. Los yankis hacen eso y a Obama le dieron el premio nobel de la Paz, ¿Tendes? Voh fijate.

NOVIEMBRE
Comentario del Tachero: ¿Te das cuenta que no te dejan trabajar? Esto con los militares no pasaba!!

DICIEMBRE
Comentario del Tachero: Y sí pibe, cada vez hay mas diferencia entre ricos y pobres, ¿Y sabés por qué? Porque a los ricos no les importa un carajo los pobres. Ellos te cobran lo que sea, todo caro, y esperan que vos, con tu sueldo de mierda, lo puedas pagar. ¿Y crees que les interesa que cada vez tengamos menos? ¡No, no les importa! Estos inescrupulosos de mierda van a ponerle el precio que quieran y ahí estamos, muriendonos por pagar un puto cartón de leche que esta dos pesos, una manzana que sale siete pesos y un kilo de carne que sale cuatrocientos mangos. Bueh, en fin, ya llegamos pibe. Son $35,24.

Clarín te cuenta que pasó en el 2009 - Parte 1
Clarín te cuenta que pasó en el 2009 - Parte 2

22 de noviembre de 2009

4 de octubre de 2009

Cerca de la Revolución - Humor de radio en vivo

Hola amigos del Blog !

Les comparto algunos de los momentos más graciosos de nuestro programa de radio =).

Pidiendo empanadas por Teléfono

http://www.youtube.com/watch?v=lydAzSq3d9s


El Pato Donald demanda a Disney

http://www.youtube.com/watch?v=iTBZbU2zhyw




Los consejos de la Doctora Amor sobre Infidelidad

http://www.youtube.com/watch?v=tXlGlcfEdoc




Les recuerdo que salimos al aire todos los viernes a las 23 por:
http://www.radioquasar.net

Pasen por el blog para ver más:
http://cercadelarevolucionradio.blogspot.com

O el Facebook:
http://www.facebook.com/cercadelarevolucion

¡Saludos a todos!
Dema.-

Pd: Los libros siguen :), el teatro también, es sólo que ahora lo que más tiempo me está ocupando es la radio =D.

10 de agosto de 2009

Dema haciendo Stand UP - Los videos de mi monólogo :)

Dema - Monólogo Stand UP - Teatro El Bululú - Primera Parte



Dema - Monólogo Stand UP - Teatro El Bululú - Segunda Parte


Video de distribución libre y gratuita. Difundan sin vender !
Copyright 2009. Todos los derechos reservados.
Mariano De María.

31 de julio de 2009

Sobre como quizás la gente no está tan loca como uno cree...


Hoy a la salida del trabajo me tomé la Línea C del Subte en Lavalle. Obviamente al ser hora pico estaba lleno, casi desborbado, y eso sin contar la manada de personas que subieron en la siguiente estación, Diagonal Norte.

Resulta que todos ibamos así, agarrados como podíamos y tambaleandonos en nuestro frágil equilibrio cuando de repente, así de la nada, en el medio del tunel, el subte frenó. Y frenó, vaya a saber uno por qué, con una marcada rapidez. El resultado fue inevitable, la inercia pudo más que nosotros y cual fichas de dómino casi todos los pasajeros de ese vagón nos caimos. Los que estaban por el medio sin nada de que agarrarse cayeron sobre los que tenían cerca, los que estabamos agarrados quedamos en una bizarra pantomima entre los que caían y los que estaban sentados, en un esquina un pibe se desplomó encima de una señora que iba en silencio, más allá alguien quedó colgado del brazo de un señor, por ahí un libro cayó al piso.

Pero si eso fue inevitable, lo que sucedió a continuación fue inesperado. El mundo reclamaba que nuestra reacción fuese la de enojo, de bronca, la reprimenda ya pautada de la señora silenciosa contra el pibe, el gesto de repudio del señor hacia el alguien colgado de su brazo, la infractuosa búsqueda del libro pisoteado por seres desconocidos. Quizás, también, el mundo nos permitía una tenue indeferencia, un entendimiento neutral, la mirada callada de la señora silenciosa al pibe, el movimiento calculado del brazo que se libera, el libro que es recuperado sin demasiada resistencia. Lo que el mundo no esperaba fue lo que sucedió, esa pequeña patada al tablero que si no lo logró mover aunque sea lo sacudió.

Nos reímos. Los pasajeros, ellos, yo, nosotros, nos reímos. La señora silenciosa quebró su mudez, una risa abrigó al pibe que en su propia risa se levantaba y pedía perdon, por allá el señor del brazo y su alguien mantenian el contacto en el sonido de su repentina carcajada, el libro aparecía entre unos pies que sonriendo se agachaban para encontrarlo. Cerca de la puerta alguien hizo un chiste sobre un zamba, más alla dos amigos se abrazaron en su callada risa, un regocijo general encontró a los que se enderezaban, a los que sin nada de que sostenerse encontraban humor en la perdida de equilibrio.

- Nos fuimos todos, eh -decía un hombre de gorra de lana a una mujer de cartera de cuero.
- Ay si, por favor -respondía la mujer tapándose la boca, riendo discretamente.

Ya enderazados observamos por las ventanillas, comprobamos la teoría de que el subte había frenado en el medio del tunel, sin aviso, con violencia, haciendo trastabillar al mundo completo. Pero el reclamo que probablemente estuviese surgiendo en algún otro vagón, la poca empatía que ellos estarían sintiendo, despegandose como si de chicles se trataran, leve asco de verse aplastado por otras personas, en el nuestro ni siquiera asomaba con aparecer. Mas aún, la quietud nos daba una oportunidad de que las miradas se crucen, de que los gestos cómplices encuentren sonrisas. Una oportunidad para reacomodarnos, sin miedo a caer nuevamente.

El subte arrancó, un amague de freno entre las estaciones San Juan y Constitución disparó la alegría callada, el amigo que le decía al otro:

- ¡Ahí vamos de nuevo!
- ¡Agarrate bien esta vez!

Y el compañerismo secreto de saber que eramos parte de algo sin nombre, algo diminuto pero a la vez explosivo, que ahí, en ese subte, en ese vagón, nos dio un momento de regocijo, de calma.

Ya en la última estación las puertas se abrieron, los pasajeros nos dispersamos y el mundo como tal nos reclamó, inundándonos otra vez con sus frases, sus prejuicios, su falta de silencio, su necesidad de agobiar.

Y aquel momento de risa en el subte, aquella extraña prueba de que la gente no está tan loca como un cree se fue esfumando lentamente, quizás sin mas evidencias que estas palabras las cuales, ahora, tres horas después, se me hacen de plástico.

Dema.

19 de junio de 2009

El segundo microrrelato más corto del mundo !

Hoy subí un micro relato a MiniCuentos que por una palabra no es el más corto del mundo !

Tan sólo cinco palabras, mirá:

¿Quién sos?, preguntó al espejo.

El más corto del mundo tiene cuatro palabras:

"- ¿Olvida usted algo?
- ¡Ojalá! "

Y ya que estamos con los micro relatos, les dejo uno de mis preferidos:

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."

Hombres de pocas palabras !
Dema.-

15 de junio de 2009

MiniCuentos - Relatos de no más de 127 caracteres

Hola a todos !

Hará cuestión de una semana comencé un nuevo proyecto virtual el cual se trata de escribir "Mini Cuentos" (conocidos normalmente bajo el nombre de micro relatos) con una longitud no mayor a 127 caracteres.

- ¿Por qué 127 caracteres? -preguntará el desprevenido lector mientras cuenta en voz alta las letras de su pregunta.

- Casi por capricho -responderé yo, para luego aclarar- Es que me hice una cuenta en Twitter para subir los cuentos ahí y la página tiene una limitación de 140 caracteres.

- ¡Ajá! -exclamara el ahora no tan desprevenido lector, con un ataque de astucia- ¿Entonces porque 127 y no 140?

- Porque 13 caracteres se me van en el hashtag, una especie de etiqueta para identificar a cada posteo.

Bueno, acá les dejo algunos micro relatos, para leer más pueden entrar a la siguiente página:
http://twitter.com/MiniCuentos

O fijarse en el panel de la derecha del blog que se va a ir actualizando constantemente con los últimos mini cuentos.

¡Allá vamos!
Dema.-

MINI CUENTOS

- Era el último hombre sobre la tierra. Tomó el revolver. No quedaban balas.

-
Luego de quince años andando finalmente paramos. El maestro observó el desierto como si imaginase una ciudad. "Llegamos", dijo.

- L
e pregunte si me amaba. Ella cerró los ojos y calló. Con miedo, volví a preguntarle si me amaba. Ella abrió los ojos y se fue.

-
La alarma sonó en el recinto. Los cientificos intentaron escapar pero no pudieron. Desde un ventanal, el sujeto verde sonreía.

-
Dicen que en la cima de la montaña más alta habita el tesoro personal. Hoy, luego de años, logré treparla. La cima está vacía.

-
Observó los tres agujeros de bala en el pecho de su padre. Supo entonces que su trabajo había terminado.

-
El gerente de la parilla observó el local y a los comensales cenando contentos. Ordenó al chef: "Pone más ratas, hoy se llena".

12 de mayo de 2009

Un nuevo relato - Esperamos

Amigos, les regalo este relato que en su momente fue publicado en mi fotolog. A pesar del tiempo que pasó, les digo que el sentimiento se mantiene todavía intacto... Con ustedes, Esperamos.

ESPERAMOS


Una persona llama a un cero ochocientos y espera. En la cola del banco, otra persona repasa sus papeles y espera. En un parada de colectivo, alguien mira nerviosamente su reloj y espera.

Vivimos en un país que por todos lados se empeña en empaparnos de negatividad. Mires para donde mires vas a encontrar razones para amargarte. Porque si te ponés a pensar, y cuando digo pensar no me refiero al simple hecho de cerrar los ojos y repasar esa lista mental de cosas a hacer que tenés en la cabeza, estamos hablando de cuando te ponés a pensar y en vez de llegar al cerebro, llegás al alma, esos momentos de pensamiento donde sentado en una silla sos capaz hasta de cuestionar la existencia de la silla; si te pones a pensar así vas a descubrir lo poco que somos dentro de esta burbuja atómica, lo ínfimos que parecemos cuando somos comparados con cosas tan abstractas, y sin embargo tan poderosas, como el dinero, la política, y el, valga la redundancia, poder.

No tenemos opción, y la batalla de David contra Goliat nos presenta un David sin honda, un David descalzo y asustado que en la privacidad de su casa hace las cuentas necesarias para pagar todas sus facturas mientras Goliat se pasea en su Honda muy lejos de esta ciudad, en un lugar donde las playas tienen arena y no colillas de cigarrillo.

¿Realmente alguna vez te pusiste a pensar en la posibilidad de combatir contra todos ellos? ¿Realmente crees que tenés una oportunidad de hacerte valer?

Nos empapan con negatividad desde todos lados. En la facultad, en el trabajo, en la ciudad, siempre vas a encontrar a alguien dispuesto a no ayudarte. El cero ochocientos te va a cortar el teléfono antes de que siquiera puedas decir para que llamabas. Cuando estés adelante de la cola, una cajera de cincuenta años te va a decir, con su discurso pre-fabricado, "Lo siento señor, pero no hay nada que podamos hacer, en el sistema figura que" y cuando te quieras dar cuenta, cuando cierres los puños lleno de bronca, lo único que vas a ver, lo único que vas a encontrar, es el colectivo que no te para, que sigue de largo porque ya está lleno.

Y en este país vamos a seguir así, viajando en los estribos del tren y peleando una realidad donde estamos todos contra todos. Porque el flaco que esta del otro lado en el call center te escucha a vos quejarte de “esto y lo otro” y el flaco se llena de esa energía negativa, la cajera que detrás del vidrio soporta tus gritos desesperados también, ni hablar del colectivero al que puteás parada a parada cuando él lo único que quiere hacer es llegar a su casa y acostarse.

Estamos enfrentados todos contra todos, lograron ponernos en una situación donde la separación es tan grande que el círculo vicioso de desesperación empieza en vos y termina en vos, pasando por todos y cada uno de los que están en la misma situación.

Entonces, la pregunta es, ¿Hay una respuesta a todo esto? ¿Hay una solución? ¿Hay algo que pueda detener esta lluvia de desolación que nos arrasa con su granizo? ¿Hay algo que pueda detener la negatividad, que nos pueda llenar de otra cosa que no sea la bronca de caminar en una ciudad de tres millones de habitantes sintiéndonos solos?

No.

No hay respuesta.

Ni hay solución.

Y por eso vamos a seguir. Porque no creemos en la ausencia de soluciones, ni en la falta de respuestas. Somos este grupo de almas jóvenes cuya única premisa es jugar el corazón en cada palabra. Y lo hacemos porque lo sentimos de esa manera, porque entre tantas razones para abandonarse y llorar seguimos con la sonrisa como única arma, creyendo que nuestras ideas puedan dar una solución, que nuestras intenciones encontrarán finalmente la respuesta.

Lo hacemos porque no nos vamos a dejar vencer, porque no vamos a bajar los brazos, porque nos sentimos vivos, porque dentro nuestro existe esa vieja convicción, esa bella utopía, de que de una u otra manera, vamos a ser capaces de cambiar el mundo.

Y por eso seguimos.

Esperamos.

Y seguimos.

Dema.



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Opción 3 - Pedir por e-mail a mariano.demaria[arroba]gmail[punto]com (o click acá).

9 de mayo de 2009

El Tuerto - Un fragmento de Frágil

"Cuando alguien le preguntaba al Tuerto cómo había quedado tuerto, pregunta que no todos se atrevían a hacer, la mayoría de las personas consideraban que era de mal gusto preguntarle a una persona con una discapacidad cómo es que había adquirido dicha discapacidad, entiéndase por esto preguntarle a una persona en silla de ruedas cómo es que pasó a tener que usar la susodicha silla, o a un ciego cómo perdió la vista, se esconden estas vergonzosas personas bajo la excusa de, No hay que discriminarlas, por eso no le pregunto, cuando en realidad lo que están logrando al ignorar la discapacidad es una forma más de discriminación, no debería ser algo distinto realizar tal pregunta, tendría que quedar encausada bajo el mismo curso de preguntas mediocres e idiotas que sí se atrevían a hacerle, ¿hace calor?, ¿viste ayer la televisión?, pero por alguna razón esto no sucedía, corolario directo de tal premisa que al Tuerto fuera poca la gente que le preguntaba cómo es que había quedado tuerto, sin embargo queda claro que poca es diferente a ninguna, y por eso a pesar de que las situaciones eran contadas con los dedos de las mano, tarde o temprano, siempre aparecía alguien que le preguntaba, Decime, Tuerto, ¿cómo es qué quedaste tuerto?, valientes héroes luchando contra las insensatas reglas de la sociedad.

Franco, quien cuando le hacían esa pregunta se sentía Franco y no se sentía Tuerto, utilizaba casi siempre como respuesta una de tantas variaciones de la misma historia: cuando era adolescente tuve un accidente (una tragedia, un inconveniente), sucedió que me metí en una pelea (una batalla, una disputa), con unos pibes de otra escuela (otro barrio, otro club), y uno de ellos me atacó con un cuchillo (una navaja, algo filoso). La herida que me hicieron fue gravísima (muy grave, bastante complicada) y recuerdo que perdí el conocimiento (me desmayé, me bajó la presión). Cuando desperté estaba en un hospital, y mi mamá (mi papá, una enfermera) me contó que los doctores me salvaron la vida, pero tuvieron que sacarme el ojo derecho (el ojo derecho, el ojo derecho). Nuestros interlocutores que habían realizado la pregunta escuchaban siempre asombrados la historia del Tuerto, historia teñida de valentía y honor. Cuando empezaban a inquirir más en los detalles de la pelea, el Tuerto daba razones como ajustes de cuentas, cosas que el hombre tenía que hacer, momentos que no se podían dejar pasar. Los interlocutores, entonces, miraban el parche negro en el ojo derecho del Tuerto y la imagen del policía frágil e incompetente dejaba lugar a la nueva imagen del policía intrépido y audaz. Sin embargo, como se expresó antes, el Tuerto utilizaba casi siempre como respuesta esa historia, y dado que casi siempre es distinto a siempre, todavía nos queda una zona de incertidumbre que procederemos a develar. Las veces que Franco no contaba esta historia, veces que se pueden contar con los dedos de la mano, lo que relataba era la verdadera versión de los hechos, que era sólo una versión, y que no admitía variaciones: cuando era un adolescente, en una navidad, estaba encendiendo los fuegos artificiales y no me aparté a tiempo, trágico accidente que casi me quita la vida. Mientras en todo Occidente los católicos celebraban el nacimiento del niñito Jesús, en el Hospital de Quemados, Franco, lamentaba el nacimiento de su alter ego que habría de marginarlo durante el resto se su vida: ese veinticinco de diciembre, a la madrugada, nacía el Tuerto.

–¿Falta mucho para llegar?

La voz de Leandro, su pasajero esposado en el asiento trasero, obligó al Tuerto a volver a la realidad.

–No, no falta tanto –respondió, mirando la calle por la que estaban. Como el nombre se encontraba del lado derecho del auto, el Tuerto tuvo que girar la cabeza casi noventa grados para verla–. Ya estamos por Riobamba, falta poco."

Fragmento del Capítulo 7 de Frágil


Post dedicado a todos los que leyeron Frágil.
Ellos saben el por qué :).
Dema.-

29 de abril de 2009

Cuento Gratis - Chica en Topless

¡Hola a todos! Les dejo acá este cuento que por estos días está cumpliendo su primer año de vida.

Como siempre, para los que deseen tenerlo en PDF, acá les dejo las opciones de descarga:
Opción 1 - Rapidshare
Opción 2 - Mediafire
Opción 3 - Pedir por e-mail a mariano.demaria[arroba]gmail[punto]com (o click acá).

CHICA EN TOPLESS

Quizás ya estaba pactado desde siempre, quizás las tendencias costumbristas se encuentren ordenadas en algún lado de tal forma que una anule a la otra, o mejor dicho, una muela a palos en la playa a la otra, y de esta manera resarcir algo que no se debe hacer, algo que remueve las tripas pero al mismo tiempo mueve un hilo profundo de perversión que a todos intriga, o excita, o despierta curiosidad, morbo, cualquiera de esos sentimientos capaces de tomar el pan, pedir la sal y en la sobremesa contar no sabés lo que pasó.

Porque son claras las cosas luego de que suceden, cuando los estereotipos se meten como diagonales a cubrir los huecos y cualquier historia es la misma historia ya contada mil veces, cuando las respuestas son las ya pactadas desde la pregunta, y cuando la reacción en cadena ya conoce los eslabones. Pero cuando sucede, mientras sucede, cuando el instante es la arena entre los dedos, cuando el instante es esta playa de España, ¿cómo construir la cadena si los eslabones todavía no existen?


En este instante, en esta arena cediendo lugar a los pies, en este sol de domingo, los eslabones son personas, es el hombre sentado leyendo un libro, la mujer tomando sol en topless, aquel niño entrando al Mediterráneo. Pero no hay nada en este momento que pueda predecir (aunque, de nuevo, quizás ya estaba pactado desde siempre) al joven de pantalones largos dentro del baño público, a la gota de sudor naciéndole en la frente, la testosterona acumulándose en los ojos, esa mano nerviosa dentro del pantalón.

Y si mi cuerpo se cansa y decide sentarse en la arena, seguir con la vista al niño saliendo del mar, verlo recibir con alegría el preciso toallón de su madre que lo abriga y protege del sol, ¿cómo sospechar que yo también seré un eslabón? ¿Cómo creer en el azar si lo fortuito tarde o temprano lo liquida?


Pero en este momento yo estoy acá, y a un par de metros está el hombre leyendo el libro y más allá la chica en topless, sus redondos pechos como dos suaves caricias de la mano bajo el sol. Y si el hombre al dar vuelta una página levanta la vista y descubre a la chica, y si yo sin vergüenza la observo como él, si ambos somos una sola mirada posada sobre su torso desnudo, su bronceada piel, su belleza femenina, no deja ser la misma historia de todos los días, con otro hombre, otra chica y otro yo, nada fuera de lo común, nada que haga tomar el pan, pedir la sal y de pronto contar que.


Para eso se necesita un joven de pantalones largos dentro de un baño público (esto me lo enteraría después, es invisible su presencia para mí en el ahora), se necesita su mano dentro del pantalón y la testosterona en los ojos, acumulada, el frenético subir y bajar, el punto justo que no se puede adelantar, un poco más y hasta ahí, no, sí, un poco más, la imagen en su mente que es como una foto más fiel que la propia realidad, y el poco más que se queda sin más, y sin poco, el punto justo donde todo se establece, y entonces la chica en topless que pasa las manos por su panza para limpiarse la arena, el hombre que se muerde el labio y retorna a su libro, yo que sonrío tan acostumbrado, y con mi sonrisa alguien que pasa a mi lado, nuevos pies en la arena, nuevos instantes haciéndose por primera vez, un joven con sus pantalones largos, un joven corriendo sobre la arena, el hombre que levanta la vista cuando el joven pasa por su lado, cuando el joven comienza a aflojarse sus pantalones y entonces la chica en topless que vuelve a cerrar los ojos, y todo es tan sincronizado, tan puntual, que sus ojos se cierran y el joven llega hasta su lugar, con audacia y rapidez (sobre todo rapidez) se detiene al costado de ella, casi que se arrodilla, sus pantalones caen, y esa mano que se posa sobre si mismo, y ese subir y bajar que liquida el poco más, y un grito ahogado que no termina de nacer, la chica en topless que incrédula abre los ojos, la blanca esperma resbalando por sus pechos, la perversión hecha eslabón, y el joven de pantalones largos que rápidamente se sube los pantalones y empieza a correr, pero no tiene sentido que corra, si el hombre ya ha dejado el libro y lo persigue, si yo voy detrás del hombre y un tercero que aparece desde algún otro lugar choca con el joven, lo empuja contra la arena, y los instantes ya no son pies caminando, son patadas y trompadas, el cuerpo del joven recibiendo todos los golpes, la chica en topless que pasa las manos por su cuerpo tratando de limpiarse, todo es arena, todo es pegajoso, la histeria infinita, el llanto reprimido, el buzo que busca para taparse los senos antes de empezar a gritar, gritos que nos hacen golpear con más fuerza, como si su grito fuera una justificación de nuestra ataque, una especie de validación, de permiso. Y cada golpe que le damos al joven es en realidad un pedido de pasame el pan, y cada gota de sangre que deja caer es en realidad un tomá la sal, y aunque una amiga que estaba en el mar se acerque a la chica en topless y la ayude a vestirse y ambas se vayan, aunque el joven quede inconciente en la arena y con el hombre y el tercero nos sintamos satisfechos de haber equilibrado, de alguna manera, esa extraña balanza de costumbres, aunque la reacción nos haya hecho repentinos héroes, en realidad nada es diferente, en realidad lo único nuevo es la perversión que surge al pensar, pero después todo es lo mismo, todo es un cubrir huecos con estereotipos, todo es en realidad una mesa larga y un almuerzo, todo se reduce a comer ese pedazo de pan y decir:
–Entonces se baja los pantalones y se termina de masturbar ahí mismo encima de la chica en topless.

Y que en la otro punta de la mesa, el que pidió la sal la eche sobre su comida, la distribuya un poco con el tenedor y diga:
–¡No lo puedo creer!, yo ahí mismo lo agarro al joven ese y lo mato a trompadas.
Y entonces todo eslabón se solidifica, y entonces ya nada puede romper la realidad.

26 de abril de 2009

Destellos de Magia - Un fragmento de La apariencia no es Sincera

"En cada acción humana se esconden gramos de magia. Estos gramos, suben y bajan de acuerdo a la acción que se desarrolle. A veces son cataratas de magia, otras veces sólo destellos de magia. Esta gente camina y vive sin saber que muchas veces con una sonrisa está cambiando el mundo, que con una mano que se da sin pedir nada a cambio está transformando la realidad. Esta gente acumula magia, de a destellos y de a cataratas, acumula magia. Pero hay algo en ellos que no sorprende, y es su resolución final: toda esa magia acumulada, queda ahí, en una bóveda invisible, sin nunca salir. Cada sonrisa que se da la incrementa, pero, al mismo tiempo, la margina. La única forma de abrir esa bóveda es utilizar las llaves ya creadas, utilizar las claves ya descifradas. Es decir, ¿cómo hacer para transmitir todo esa energía sin caer en los canales ya existentes de la sociedad? ¿Cómo hacerse conocido sin la radio, la televisión, los diarios? En definitiva, ¿Cómo empaparte de magia, sin ahogarte con varitas? ¿Cómo transformarte, sin romper lo que sos?"

Fragmento del Capítulo 6 de La apariencia no es sincera


Gracias por volver y no ahogarme.


Dema.
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5 de abril de 2009

Cuento gratis - Arroyo - Un cuento en 160 palabras

Gente amiga, conocida y por conocer... Inspirado en el siguiente cuento corto en 60 palabras de Luciano Doti (un escritor que conocí por internet recientemente) subo este cuento mio de 160 palabras que escribí hace un par de años.

Como siempre, si quieren tenerlo en PDF acá les dejo los links:
Opción 1 - Rapidshare
Opción 2 - Mediafire
Opción 3 - Pedir por e-mail a mariano.demaria[arroba]gmail[punto]com (o click acá).

ARROYO


Un día, en su departamento de Nueva York, un empresario argentino se levanta, va al baño, se mira en el espejo y piensa en un arroyo. Luego, va hasta el aeropuerto y se toma un avión a Buenos Aires. Una vez en Ezeiza, consigue un taxi y llega hasta Aeroparque donde toma un vuelo charter hasta Córdoba. Averigua en la terminal y se sube a un micro que lo lleva hasta La Falda. Desde ahí sigue el camino a pie hasta llegar al arroyo.

Cuatro piedras se encuentran flotando sobre el agua y son la única manera de cruzarlo. El empresario se acerca y pone un pie en la primera piedra, un pie en la segunda y cuando quiere pasar a la tercera se da cuenta que no puede porque hay una persona enfrente de él, con sus pies en las otras dos piedras.

- ¿Qué haces? –pregunta el empresario.
- Trato de llegar a Nueva York –responde la persona.

26 de marzo de 2009

Cuento gratis - Todos Miraron

Gente amiga, conocida y por conocer... Inauguro la sección de Publicaciones Online del blog con uno de mis primeros cuentos que ya está rondando por internet hace un par de años (en Poiesis arte joven puntualmente).

Antes que nada les cuento que se pueden descargar el cuento gratis completo en PDF con alguna de las siguientes opciones:
Opción 1 - Rapidshare
Opción 2 - Mediafire
Opción 3 - Pedir por e-mail a mariano.demaria[arroba]gmail[punto]com (o click acá).


TODOS MIRARON


Dio la casualidad que por razones distintas y desconocidas dos personas miraron hacia el mismo lugar en el mismo momento. Una tercera, que justo pasaba por ahí, al ver que observaban algo también miró, preguntándose qué era lo que estaban viendo. En ese instante una pareja se sumo al trío, mirando lo que los otros miraban, sin saber que veían, pero mirando. El grupo se hizo aún más numeroso cuando dos chicos de trece años, vencidos por la curiosidad, al ver a tantos adultos observando fijos un mismo punto, no pudieron menos que girar sus ojos en igual dirección.

No me acuerdo en qué punto me uní yo a la multitud (Para este instante ya era una multitud, sobrepasa los quince, veinte, aunque no podía saberlo con precisión debido a que sólo los po-día observar de reojo), pero lo que sí me acuerdo es que me uní porque vi a todos apuntando la mirada hacia un mismo lugar. “Algo tiene que haber” sonó en mi cabeza, e interrumpí mis pensamientos y cosas, para ver.

Al principio no había nada, sólo una esquina irregular o una mancha en la pared, nada demasiado importante como para atraer la atención de tantas personas, pero ellos seguían, y yo seguía ahí, yo parte de ellos, buscando algo, mirando lo que nadie miraba pero todos miraban.

Hasta que de repente lo vi... Sí... Definitivamente tenía que ser eso lo que atraía la atención de tanta gente, ¿cómo puede explicarse sino el por qué de tantas personas paradas juntas, algunas cruzadas de brazos, otras no, con la cabeza levantada y los ojos fijos? Era algo medio negro, o marrón, o gris, o azul, no pude notar bien el color pero estaba manifestado en donde la pared cambiaba su tonalidad, ahí, en esa línea semi-recta, dividida en dos por la sombra que tiraba el árbol detrás nuestro.

Mentira, fue fruto de mi imaginación. No había nada ahí. No había absolutamente nada. Éramos todos víctimas de la casualidad, de la coincidencia, del juego maligno de algún dios aburrido con ganas de reírse de nosotros.

No creo haber sido yo el primero en darme cuenta de esta triste verdad, en el aire se notaba la incomodidad, flotaban entre nosotros esas ganas desesperadas de irnos, de darnos vuelta y correr, escapar de esta tortuosa simbiosis de mirar la nada. Pero ni uno de nosotros se atrevía a decirlo, nadie siquiera daba vuelta la cabeza hacia otro lado, fingiendo encontrar algo, y así continuar con su vida.

¿Diez, quince, veinte minutos habrán pasado ya? No lo sé, no podía mirar mi reloj, tenía ocupada mi vista con otra cosa, con lo mismo que les ocupaba a los individuos alrededor mío.

Sentí una gota de transpiración correr por mi espalda, la sentí correr por todas las espaldas, un escalofrío de terror, entre todos y cada uno.

Mis otros sentidos empezaron a hacerse más fuertes, podía escuchar con más claridad los sonidos, como cuando un hombre delante de mí tragó saliva, mucha saliva, y también cuando una mujer, a mi derecha, apretó los dedos y, clavándose las uñas en las palmas, trató de mitigar el dolor.

Seguramente fue esta exaltación de los sentidos lo que me hizo notar a la persona que lentamente se acercaba al grupo. Vestía de blanco (esto lo pude oler), sandalias (esto lo pude sentir) y llevaba el pelo largo, descuidado, como la barba de varias semanas (esto lo escuché).

Él no miro.

No miró, ¿entendés?, ¡No miró!... y yo, y cada uno de nosotros, víctimas del destino, nos dimos cuenta de que no miró. ¿Cómo explicar si no la tranquilidad en cada uno de sus movimientos?

Una ola de esperanza inundó nuestras almas. Él sería el salvador, el que nos sacaría de semejante tortura, él nos haría liberar los ojos, simplemente escapar y poder ser libres, otra vez, con nuestras vidas, y no estar sometidos a la voluntad del grupo, una voluntad sobre la cual nadie ejercía poder.

Cuando estuvo a tres pasos de distancia de nosotros la emoción se hizo casi intolerable. Todos suponíamos y sospechábamos lo que estaba a punto de acontecer. Él se acercaría, tiraría sus cabellos hacia atrás, y aclarándose la voz antes de hablar preguntaría qué estábamos haciendo. Le responderíamos que nada, nos reiríamos de la ridícula situación y cada uno seguiría su camino.

“¿Quién será el elegido?” pensaba, mientras los tres pasos se acortaban. Y ahí, cuando estaba a menos de medio metro de distancia, lo vi, de reojo, pero lo vi. Me había elegido a mí. Yo sería el cómplice salvador, el poder recaía sobre mí, sobre las palabras que estaban a punto de brotar de mis labios, fruto de una respuesta a una pregunta.

Él se acercó, echó sus pelos hacia atrás y aclarándose la voz me preguntó:
- ¿Qué es lo que todos ustedes están mirando?

Yo sonreí anticipando lo que estaba por venir y, con la cobardía acompañando un movimiento de mi brazo, respondí:
- ¿Qué pasa? ¿Acaso no lo ves?